martes, 25 de septiembre de 2012

Y TÚ, ¿ESTÁS LISTO PARA LA REFORMA LABORAL?


Empezar la vida laboral no es fácil. En la escuela nos enseñan a hacer trabajos de investigación, ensayos y proyectos de una manera excelente, pero nunca  a manejar la presión que implica tener realmente una responsabilidad. Las exigencias de tu jefe, de los clientes que atiendes y de los departamentos que están involucrados con tu área suelen ser en ocasiones tan severas, que te llegas a preguntar si de verdad eres un buen profesionista. Todo se complica aún más cuando el internet te bombardea de artículos donde la competitividad es el pan de cada día en las empresas, donde si no das la talla puedes ser fácilmente remplazado por otra persona que no tiene ningún problema con ocupar tu lugar.





La lucha por la silla detrás del escritorio es muy salvaje, sobre todo en un país que atraviesa una situación económica con mucha incertidumbre. Encontrar un trabajo de por sí es bastante difícil, por lo que aceptamos el primero que nos pongan enfrente con tal de tener algo seguro. Sin embargo, en muchas ocasiones terminamos amarrándonos a una empresa que no respeta nuestras jornadas laborales, nuestras prestaciones de ley ni mucho menos nuestro sentir.

Una buena amiga que se encuentra en la recta final para un ascenso me comentaba la frustrante situación que vivió durante la entrevista final con el “Big Boss”. Su proyecto para mejorar el departamento en el que está era bastante interesante, basado en incentivos  económicos que ayudarían a mitigar los errores estructurales de la empresa. Sin embargo, esta persona no tuvo ningún respeto por el trabajo de mi amiga porque simplemente no cree en los incentivos. Las empresas deben entender que un edificio bonito, un nombre reconocido y un salario aceptable no son sinónimo de un lugar ideal para trabajar. Hay muchas otras variables como la comunicación, las herramientas de trabajo (materiales y no materiales) y la posibilidad de desarrollo profesional, que hacen que un colaborador se ponga realmente la camiseta.

El gobierno tiene la responsabilidad de brindarnos el contexto jurídico necesario para que trabajar no se vuelva una pesadilla. No sólo se trata de la calidad de vida de los trabajadores, también se trata de cómo nuestro buen desempeño ayudará a la competitividad de la mano de obra nacional, que al final se traduce en desarrollo económico. Reconozco que he leído muy poco acerca de la reforma laboral que está en camino, pero confieso que me encuentro muy preocupado por los comentarios que han surgido. Los puntos que han llamado mi atención en el tema son:

1.      1. Salarios más bajos. Está claro que lo que buscan es hacer más atractiva la mano de obra mexicana. ¿Pero por qué basarse en una “ventaja” que puede ser fácilmente adquirida por otro país? Sería más sustentable irse por la educación. La competitividad con la que se cuenta en la rama automotriz, el turismo, el comercio internacional, entre otros sectores, es suficiente para darse cuenta que el talento existe, sólo falta fomentarlo. Si bien la competencia es difícil, la geografía, los recursos naturales y los TLC’s firmados nos colocan en una posición que lamentablemente no se está aprovechando.

2.       2. Contratos temporales para no generar antigüedad. Por más que amemos nuestro trabajo, tenemos que aceptar que el dinero es lo que compra nuestros alimentos. Sin duda, la certidumbre económica es necesaria para dejar de vivir al día, para poder estar a gusto sabiendo que aspiramos a cumplir todas esas metas que nos propusimos cuando éramos estudiantes. Los discursos acerca de la actitud positiva para alcanzar los sueños son hermosos, pero seamos realistas, necesitamos dinero para cumplir muchos de ellos. Un empleo que en cualquier momento podemos perder “con todas las de la ley” dificulta mucho el concepto de éxito que se nos inculca desde pequeños.


3.       3. Eliminación de prestaciones laborales. Trabajar no lo es todo. Necesitamos convivir con nuestros seres queridos y tener tiempo para poder hacer otras actividades que nos gustan. Se trata también de mejorar nuestra calidad de vida, pues la relación obrero-patronal debe ir más allá de un salario a cambio de nuestro tiempo. La administración moderna enseña que un trabajador feliz tendrá un mejor desempeño, filosofía que se ha empleado en países primermundistas. Si se aspira a ser uno, ¿por qué seguir filosofías tercermundistas?

Calderón envió esta propuesta y se rumora que su sucesor está a favor de ella. Estamos frente a  la primera consecuencia de vender votos. Esperemos que EPN sepa escuchar la voz del pueblo que lo eligió (aunque aún tengo mis dudas si en verdad lo elegimos) y se dé cuenta que el desarrollo económico no se encuentra en técnicas tercermundistas. Si la llega a aprobar, los primeros que caerán serán quienes le dieron su voto a cambio de unos cuantos pesos o de un hueso en su equipo de trabajo (prueba de su ignorancia), pues quienes nos preparamos y tenemos ganas de triunfar lo haremos a pesar de las situaciones adversas que se avecinan.

MIKE AP.