La lucha por la silla detrás del
escritorio es muy salvaje, sobre todo en un país que atraviesa una situación
económica con mucha incertidumbre. Encontrar un trabajo de por sí es bastante
difícil, por lo que aceptamos el primero que nos pongan enfrente con tal de
tener algo seguro. Sin embargo, en muchas ocasiones terminamos amarrándonos a
una empresa que no respeta nuestras jornadas laborales, nuestras prestaciones
de ley ni mucho menos nuestro sentir.
Una buena amiga que se encuentra
en la recta final para un ascenso me comentaba la frustrante situación que
vivió durante la entrevista final con el “Big Boss”. Su proyecto para mejorar
el departamento en el que está era bastante interesante, basado en incentivos económicos que ayudarían a mitigar los
errores estructurales de la empresa. Sin embargo, esta persona no tuvo ningún
respeto por el trabajo de mi amiga porque simplemente no cree en los
incentivos. Las empresas deben entender que un edificio bonito, un nombre
reconocido y un salario aceptable no son sinónimo de un lugar ideal para
trabajar. Hay muchas otras variables como la comunicación, las herramientas de
trabajo (materiales y no materiales) y la posibilidad de desarrollo profesional,
que hacen que un colaborador se ponga realmente la camiseta.
El gobierno tiene la responsabilidad
de brindarnos el contexto jurídico necesario para que trabajar no se vuelva una
pesadilla. No sólo se trata de la calidad de vida de los trabajadores, también
se trata de cómo nuestro buen desempeño ayudará a la competitividad de la mano
de obra nacional, que al final se traduce en desarrollo económico. Reconozco
que he leído muy poco acerca de la reforma laboral que está en camino, pero
confieso que me encuentro muy preocupado por los comentarios que han surgido. Los
puntos que han llamado mi atención en el tema son:
1. 1. Salarios
más bajos. Está claro que lo que buscan es hacer más atractiva la mano de
obra mexicana. ¿Pero por qué basarse en una “ventaja” que puede ser fácilmente
adquirida por otro país? Sería más sustentable irse por la educación. La
competitividad con la que se cuenta en la rama automotriz, el turismo, el
comercio internacional, entre otros sectores, es suficiente para darse cuenta
que el talento existe, sólo falta fomentarlo. Si bien la competencia es
difícil, la geografía, los recursos naturales y los TLC’s firmados nos colocan
en una posición que lamentablemente no se está aprovechando.
2. 2. Contratos
temporales para no generar antigüedad. Por más que amemos nuestro trabajo,
tenemos que aceptar que el dinero es lo que compra nuestros alimentos. Sin
duda, la certidumbre económica es necesaria para dejar de vivir al día, para
poder estar a gusto sabiendo que aspiramos a cumplir todas esas metas que nos
propusimos cuando éramos estudiantes. Los discursos acerca de la actitud
positiva para alcanzar los sueños son hermosos, pero seamos realistas,
necesitamos dinero para cumplir muchos de ellos. Un empleo que en cualquier
momento podemos perder “con todas las de la ley” dificulta mucho el concepto de
éxito que se nos inculca desde pequeños.
3. 3. Eliminación
de prestaciones laborales. Trabajar no lo es todo. Necesitamos convivir con
nuestros seres queridos y tener tiempo para poder hacer otras actividades que
nos gustan. Se trata también de mejorar nuestra calidad de vida, pues la
relación obrero-patronal debe ir más allá de un salario a cambio de nuestro tiempo. La administración moderna enseña que un trabajador feliz tendrá un
mejor desempeño, filosofía que se ha empleado en países primermundistas. Si se
aspira a ser uno, ¿por qué seguir filosofías tercermundistas?
Calderón envió esta propuesta y
se rumora que su sucesor está a favor de ella. Estamos frente a la primera consecuencia de vender votos.
Esperemos que EPN sepa escuchar la voz del pueblo que lo eligió (aunque aún
tengo mis dudas si en verdad lo elegimos) y se dé cuenta que el desarrollo
económico no se encuentra en técnicas tercermundistas. Si la llega a aprobar,
los primeros que caerán serán quienes le dieron su voto a cambio de unos
cuantos pesos o de un hueso en su equipo de trabajo (prueba de su ignorancia),
pues quienes nos preparamos y tenemos ganas de triunfar lo haremos a pesar de
las situaciones adversas que se avecinan.
MIKE AP.